Entre las páginas



Decidió por fin que las revistas apiladas dentro del cajón del armario esquinero del salón debían pasar a mejor vida. Pero cuando se disponía a lanzarlas en el contenedor de papel no pudo evitar fijar sus ojos en la cubierta de la revista de viajes a los fiordos noruegos.

Una punzada en el pecho la paralizó por un segundo. El recuerdo lejano de aquel viaje a Noruega hacía casi 20 años, cuando todavía estudiaba filología y el mundo le parecía lleno de mitos por explorar, con una mochila en la espalda y un billete de ida pero no de vuelta en el bolsillo, se le hizo de pronto muy presente. Era un recuerdo hermoso, con aroma a bosque, a hielo y a sal. No era un recuerdo incómodo; lo que la sobresaltó fue un traicionero sentimiento de culpa ante la pregunta “qué ha sido de aquella chica que soñaba despierta”.

Decidió entonces que no se desharía de aquella revista. Resiguió con sus dedos los bordes amarillentos por el paso del tiempo y advirtió una fina capa de polvo depositada como escharcha en sus cubiertas. Limpió las tapas con la manga de la camisa y, por fin, se atrevió a abrirla. Un aire enrarecido se desprendía de sus páginas y volatizaron nuevas partículas de un polvo fino como ceniza.

Cuando aún se estaba preguntando qué era aquello, de entre sus páginas fue deslizándose algo minúsculo, que en un acertado reflejo alcanzó a sostener en la palma de su mano. Una pequeña y esbelta forma prensada, una diminuta y etérea estructura ósea con dos inusitadas extremidades recubiertas con una especie de velo translúcido, aquello era –las lágrimas no le impidieron ver la triste revelación– el cuerpo inerte de un hada.

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