El estuche
-¡Es injusto,
abuela!- se quejó el niño con los ojos llorosos –Guille robó el estuche de
Marcos, ¡yo lo vi!, y hace como si nada, y el profe le felicita cada vez que
sale a la pizarra, y…
-Y entonces –le interrumpe la abuela-, ¿Por qué no lo dices?
-Porque nadie me creería, abuela. Guille es guay, es el delegado de la clase, y yo saco las asignaturas por los pelos…
-Entonces, no digas nada.
-Sí, claro, y tengo que ver como Guille se sale con la suya, y Marcos no sabe dónde está su estuche.
-¿Sabes tú dónde está su estuche?
-No, no sé dónde lo habrá puesto Guille.
- ¿Se lo has preguntado?
-¿A Guille? Sí, y lo niega todo, dice que se me ha ido la olla.
-Mmmmm –piensa la abuela- realmente es difícil, pero hay algo que sí puedes hacer.
-¿El qué?
-Prestarle tu material a Marcos cuando lo necesite.
-Sí, ya lo hago. Pero, ¿y Guille?
-¿Y Guille qué?
-Pues eso, que ahí está, como si nada. ¡Me da una rabia!
-Mientras sientas rabia, no serás libre –le dijo la abuela a su nieto.
-¿Libre?- pregunta intrigado el niño.
-Libre de Guille.
-¿A qué te refieres?
-Pues que mientras pienses en Guille y en la rabia que sientes contra él no disfrutarás de tus otros compañeros, ni de los juegos del patio, ni de la clase.
-¡Pero es injusto!
-Sí, lo es. La vida es muy injusta, y lo verás muchas veces. Cuando puedas hacer algo, hazlo, y si no puedes, ayuda en lo que sí puedas. Pero ayuda a construir, no a destruir. Y mientras construyes, procura que tu corazón se mantenga libre. Así jamás podrán destruir lo más puro que hay en ti. Guarda tus energías para ayudar a los que lo necesiten y disfruta de las cosas buenas.
El niño se quedó pensativo:
-Tienes razón, abuela… Me voy a casa de Marcos a hacer juntos los deberes de mates.
-Y entonces –le interrumpe la abuela-, ¿Por qué no lo dices?
-Porque nadie me creería, abuela. Guille es guay, es el delegado de la clase, y yo saco las asignaturas por los pelos…
-Entonces, no digas nada.
-Sí, claro, y tengo que ver como Guille se sale con la suya, y Marcos no sabe dónde está su estuche.
-¿Sabes tú dónde está su estuche?
-No, no sé dónde lo habrá puesto Guille.
- ¿Se lo has preguntado?
-¿A Guille? Sí, y lo niega todo, dice que se me ha ido la olla.
-Mmmmm –piensa la abuela- realmente es difícil, pero hay algo que sí puedes hacer.
-¿El qué?
-Prestarle tu material a Marcos cuando lo necesite.
-Sí, ya lo hago. Pero, ¿y Guille?
-¿Y Guille qué?
-Pues eso, que ahí está, como si nada. ¡Me da una rabia!
-Mientras sientas rabia, no serás libre –le dijo la abuela a su nieto.
-¿Libre?- pregunta intrigado el niño.
-Libre de Guille.
-¿A qué te refieres?
-Pues que mientras pienses en Guille y en la rabia que sientes contra él no disfrutarás de tus otros compañeros, ni de los juegos del patio, ni de la clase.
-¡Pero es injusto!
-Sí, lo es. La vida es muy injusta, y lo verás muchas veces. Cuando puedas hacer algo, hazlo, y si no puedes, ayuda en lo que sí puedas. Pero ayuda a construir, no a destruir. Y mientras construyes, procura que tu corazón se mantenga libre. Así jamás podrán destruir lo más puro que hay en ti. Guarda tus energías para ayudar a los que lo necesiten y disfruta de las cosas buenas.
El niño se quedó pensativo:
-Tienes razón, abuela… Me voy a casa de Marcos a hacer juntos los deberes de mates.