En mi rincón


Todos tenemos un pequeño rincón de la casa por donde se cuela aquel rayo de sol que se derrama en polvo de hadas; un pequeño hueco por cuyo orificio parece entreverse otro mundo, como un portal hacia otra dimensión que invita a adentrarse. En ese rincón uno puede permanecer en silencio, solo consigo mismo, y sentirse cómodo. Allí no existe el tiempo que como un chivato te avisa que el mundo está lleno de obligaciones; allí solo existe el momento, perpetuo.

Sabes que estás con un amigo cuando compartes ese pequeño rincón de la casa, aparentemente tan insignificante; tal vez sea un taburete viejo de la cocina, aquella esquina en la que apenas puedes moverte; pero es allí donde sin decírselo le ofreces una taza de té, o de café, o una infusión, y observas maravillado que está sentado allí, en tu rincón preferido, aquella persona a la que deseas inmortalizar en tu retina, hacer un hueco perenne en tu corazón. Porque intuyes que el tiempo lo hará volar como a tantas otras cosas, excepto allí, en ese rincón de los recuerdos. El rincón que habitan seres imaginarios, y de carne y hueso, en momentos concretos, donde el rayo de luz atraviesa tímidamente, a modo de guiño, diciéndote que hagas la foto. Entonces, cuando vuelvas a estar solo en tu rincón y cierres los ojos, podrás revelarla, y lo verás inmortalizado en ese hueco del alma que todos llevamos dentro.

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