EL PAÍS DE MÁS ALLÁ O EL REINO DE LOS CIELOS

“El país de más allá” es un relato de Maria Gripe contado dos veces, como anuncian los títulos de los dos relatos que dividen la obra: “tal como me lo contaron cuando era niña” y “tal como me lo contaron cuando quise saber más”. 

En ambos, aunque con ligeras diferencias, se nos habla de dos reinos con sus dos reyes, uno anciano, otro joven, que se ven impelidos por un explorador que llega con la noticia de que ha encontrado un nuevo país que no aparece en los mapas. La reacción del rey anciano será verificar la noticia con los cartógrafos. Al no encontrar el país, considera que –ante la posibilidad de que exista un país no registrado–conviene acabar con la vida de la única persona que conoce su existencia. Pero la hija pequeña del rey creerá en la existencia del país y rescatará al explorador, quien, una vez liberado, acudirá al reino del rey joven. A diferencia del rey anciano, este rey mostrará un interés inusitado por el país de más allá. Obsesionado con su existencia, intercambia su identidad con la del explorador y abandona palacio en busca del país de más allá. 

Mientras, la princesa llega a una playa desde donde se divisa un puente que une la península con el país de más allá. Pronto descubre que dicho puente, edificado por un constructor que se limitó a construir sin pensar en las consecuencias, impide que el país, que había emergido de las profundidades del mar, pueda elevarse. La princesa comprende que ha de liberar el país cortando el puente y, justo cuando iba a hacerlo, aparece el rey disfrazado de explorador. Hablan y advierten que tienen muchas cosas en común. 

A partir de ese momento los dos relatos difieren en sus finales. En el primero, el rey anciano, acompañado de su ejército, llega hasta la playa decidido a atacar el país de más allá. Pero, en ese mismo momento, las cuerdas del puente se desatan, liberando el país de más allá, que se eleva hacia el cielo. En el segundo final, la pareja enamorada es sorprendida al ver que las cuerdas del puente se desprenden y el país es liberado hacia las nubes. El rey y la princesa caen delicadamente a tierra y juntos emprenden el camino de vuelta para reunirse con el explorador. Este, que los esperaba, va a su encuentro: 

–Me alegro de que halláis vuelto. ¡Hay tanto que hacer aquí!
–Ya lo sabemos –le contestaron.

Como muchos relatos de Maria Gripe, “El país de más allá” ofrece una lectura simbólica que nos invita a explorar distintas interpretaciones. Se me antoja conectar el país de más allá con otro reino que tampoco aparece en los mapas: El Reino de Dios o El Reino de los cielos. Un reino anunciado por un explorador, Jesús, quien, conociendo su existencia, decide comunicar la buena nueva. La reacción del rey anciano, Israel, en su defensa férrea del orden establecido, es ejecutarlo; Jesús, a diferencia del explorador, muere, pero resucita. Queda un remanente en Israel, los discípulos de Jesús que creyeron en la existencia del Reino que ha llegado. El mundo pagano acepta su existencia de buen grado. Los que han creído descubrirán que el país de más allá está delante de ellos, ahí presente, pero no puede encadenarse. Su existencia supone una nueva manera de ver el mundo y de vivir en él. Una nueva manera de ser. Y ahí tienen al explorador, Jesús, para iniciar juntos esa nueva manera de vivir. 

Entradas populares