SOBRE PASTORES Y REDES SOCIALES
El pastor
encuentra en la red social un utilísimo medio de control y manipulación de sus
feligreses. No importa la denominación religiosa a la que pertenezca, puede ser
o no sectaria en sí misma, lo esencial es el uso sectario que el pastor ejerce
de las redes rastreando, midiendo y controlando la fe de los miembros de su
comunidad, especialmente de aquellos que considera debe espiar antes de que se
le escapen de su área de influencia por ser demasiado tiernos todavía, casi corderitos.
El pastor es muy suspicaz a la hora de detectar si hay alguna oveja dubitativa de la solidez de tales castillos cuya construcción él patenta. Sabe que su carisma personal y directo en la reunión sabática o dominical no es suficiente para mantener la captación de su oveja. Pero afortunadamente tiene medios virtuales para hacerse presente y recordarle a diario que su presencia es omnipresente y su proyecto omnipotente, guiado por el mismísimo Dios. No hay nada como navegar en los mares de las redes sociales para demostrarlo: eventos, conferencias, núcleos, etc.
Una de las redes sociales es Whatsapp. Los bombardeos de amor, ya sean mediante mensajes de difusión o pequeños saluditos personalizados, apoyados en citas bíblicas, resultan eficientes para mantener la atención de la oveja despistada y recordarle que es depositaria de su amor incondicional. Pero el favorito para el rastreo son los grupos de Whatsapp, ahí el pastor puede observar cómo la oveja interactúa con otras ovejas del rebaño y, siendo él el administrador, manejar el cotarro. No hay aviso que se le escape, cualquier conversación es mediatizada por el poder invisible pero latente de su administración, los usuarios respetan y esperan de él su aprobación; de tal manera que es él quien hace y deshace reuniones, conoce quiénes asistirán y quiénes no lo harán. Y así pone el termómetro a la fidelidad de sus ovejas, las clasifica entre aquellas de mayor y menor grado de confianza, acabando estas últimas siendo observadas también por otras ovejas del grupo, cuya misión especial –concedida en un chat personal del pastor y no transferible al resto del grupo– es velar por aquella oveja en período de prueba y mantenerlo informado de sus movimientos. ¡Ay de la oveja que sufra un percance personal!, se le inundará el chat de mensajes de apoyo de todas sus nuevas hermanas, haciendo evidente que su vida ya no es privada sino compartida por toda la comunidad gracias a la falta de confidencialidad de su pastor.
Existe también Instagram, allí el pastor puede dedicarse a adular a su oveja. Sabe que inflar el ego mantiene a las ovejas fieles, y de paso conoce por dónde se mueven, qué hacen en sus ratos libres, qué amigos tienen, además de recordarles que su amor las acompaña siempre, como Dios. No contento con ello, ampliará su área de influencia dedicándose a hacer algún comentario en los stories de la hija adolescente de la familia ovejuna que pretende encandilar.
Reservamos para el final el medio más poderoso de control en manos del pastor: Facebook. Sabe que allí es donde muchas ovejas desnudan su alma entre posts banales; sólo hay que saber leer entre líneas lo que comparten, pues constituye aquello que inquieta a la oveja, lo que busca, lo que se cuestiona, en qué debates participa, con quién discute. Esta información resulta extremadamente útil, y el voyeur la almacena para acontecimientos especiales en los que podrá abordar a su oveja personalmente y asestarle un buen golpe de efecto, ya sea para aparecérsele como oráculo que conoce sus cuitas o, si llega el caso, para increparla por su falta de asistencia o por tantear otros pastos. Pasará entonces de la condescendencia al chantaje emocional (“después de lo que hago por ti…”), llegando incluso a usar ciertas dosis de cinismo si el tratamiento lo requiere, todo a fin de desconcertar a su oveja y que esta acabe volviendo, sumisa, al redil.
Así, agazapado en la red, nutriéndose de lo que esta le ofrece, el pastor sigue velando por su oveja. No puede, sin embargo, dejar pasar la oportunidad que este medio le proporciona para hacer oír su voz profética posteando en distintos muros (en su perfil, en la página de la comunidad, en su página personal, en un grupo...), cuantos más muros mejor, pues más omnipresente se hará y menos podrán zafarse de él. Confía en que sus palabras llegarán hasta su oveja esquiva (“tú y yo sabemos leernos entre líneas”, le había confesado aquel en ciertas ocasiones como afirmación de que entre ellos había un vínculo especial). Si la oveja recoge el mensaje y decide tomar distancia, al pastor le seguirá quedando Whatsapp para lanzarle anzuelos y ver por dónde sopla el viento. Lo sorprendente, si aquella vuelve a dar señales de vida en Facebook, el pastor la saludará en privado y le transmitirá lo mucho que le alegra volver a verla (aunque le haya borrado de amigo) porque “ya sabes lo que me gusta leerte”.
La oveja, asfixiada –hay abrazos paternales que rompen los huesos–, comprenderá que debe poner tierra y pantalla de por medio si quiere seguir la voz del único Maestro, Aquel a quien muchas veces los pastores ahogan entre imposturas y palabras saturadas (emoticonos incluidos), frases manidas, siendo amantes de escucharse a sí mismos, que monopolizan el mensaje del evangelio y lo convierten en campaña sobre ellos mismos, de sus batallitas pasadas, sus introspecciones y circunloquios y su patente sobre cómo hay que ver el mundo. Finalmente, las ovejas acaban confundiendo que seguir a Cristo es seguir al pastor de capilla, que vivir el Reino es vivir los proyectos locales de su líder, no hay otro camino. Plantearse otra posibilidad es signo de debilidad espiritual y de falta de fe (el pastor ya se encargará de inocular este concepto). A la oveja bajo sospecha no le queda más salida que hacer mutis por el foro.
La frase de esta historia no sería “cómo huir de una comunidad y no morir en el intento”. La frase es “cómo, después de haber visto que la profesión de pastor es abono para el narcisista, y la comunidad –real y virtual– alimento para su ego, poder seguir creyendo en Dios, en Jesús y en el Evangelio”. Pero la oveja, tiznada de negro, confía, camina, no está sola, como ella hay otras ovejas que han aprendido a distinguir a los lobos. Estas siguen escuchando la voz del Pastor y creen en su Reino, el cual se manifiesta cada día en pequeños gestos.