DEPURACIÓN
Este fin de semana he tirado montañas de papeles. Empecé por los archivadores
del salón, los de un pasado más inmediato, los siete últimos años de mi vida. Eran apuntes infinitos sobre cultos,
reflexiones copiadas del FB, seminarios, temas teológicos enrevesados y que no
tienen límite. Seis archivadores llenos y caóticos. Entre ellos, los bocetos de
ànim y livingroom, los estatutos, flayers, temas, dinámicas de grupo, encuestas.
Todos estos papeles han ocupado un gran espacio en mi salón. Librarme de ellos
supuso no sé cuántas bolsas de basura y viajes al container de papel.
Seguí un día después con los archivadores más olvidados, casi fosilizados,
de mi habitación: cursillos de todo tipo, apuntes de la UAB, de la UOC, de inglés.
Tras una selección, me decidí a tirar todo aquello que sé que no volveré a
mirar, y guardé en archivadores más nuevos lo que me podría ser útil. El
resultado ha sido un salón y habitación más ordenados, lógicamente ordenados.
Ha sido una depuración de todo aquello que no quiero. Necesito una vida más
simplificada, inmediata y auténtica, rodeada de todo aquello que me es útil y
dando espacio a lo que vendrá.
No puedo decir que ahora me sobre el espacio, el piso sigue siendo pequeño.
Pero al menos sé dónde está lo que quiero encontrar y tenerlo al alcance. He
aprendido a priorizar, atreverme a levantar el polvo, tirar y recoger. Y luego
limpiar, limpiar hasta asegurarme de que el aire es puro.
Teniendo en cuenta que hace dos meses cancelé definitivamente mi cuenta de
FB, y con ello se han borrado un montón de datos de la misma índole (teología,
proyecto de evangelismo, iglesia, pastores, reflexiones en nombre de Cristo),
tengo la sensación de que he hecho una depuración total que va más allá del
puro dato. Es cancelar la cuenta de un pasado que me hizo sufrir mucho y me
llevó por callejones sin salida.
Desprenderme de tantos papeles ha sido catártico. Casi podría haberme
esperado a San Juan y quemarlos, pero la montaña de papeles hubiera sido tan
alta que habría dado lugar a una hoguera demasiado grande, difícil de apagar.
Casi me daba vergüenza imaginarme prendiendo fuego a esa montaña de papeles,
¿qué habrían dicho los vecinos? ¿Habrían llamado a los bomberos?
Ahora ya está, servirán de reciclaje para hacer papel nuevo.